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3 de novembre de 2014

Rànquings o com l'avaluació deixa de ser un mitjà per esdevenir un fi

Rànquings o com l'avaluació deixa de ser un mitjà per esdevenir un fi 
Autor: Antonio Feria

Fonthttp://evaluaccion.es/2014/09/23/rankings-o-como-la-evaluacion-deja-de-ser-un-medio-para-convertirse-en-un-fin/



Resulta bastante común enredarse en lo llamativo, aunque sea poco importante, olvidando lo esencial que, como decía “El principito”, es invisible a los ojos. La segregación, la exclusión social o la desigualdad no forman parte, necesariamente, de medidas directas impuestas por el Ministerio de Educación, sino que la letra pequeña, aquella que nos pasa desapercibida y que termina determinando el desarrollo educativo, se impone en lo cotidiano, donde la ideología, esa que dicen que ya no existe, se encarga de condicionar la posible mejora de quien menos tiene.

El antiguo, a veces incluso viejo, principio de igualdad de oportunidades, auténtica fundamentación de la paz social, permite asumir las desigualdades impuestas por la economía de mercado, siempre que en origen se garantice que cualquier persona, con esfuerzo, preparación y, en su caso, ayuda del Estado, pueda acceder a cualquier puesto, cualquier trabajo, cualquier futuro. Así que, en este sentido, es absolutamente necesario disponer de un sistema educativo accesible a familias con pocos recursos, que compense situaciones desfavorables, tanto económicas, como sociales o culturales.

Y ahora es cuando hay que leer la letra pequeña de la LOMCE. La ideología que defiende a los favorecidos frente a los necesitados se filtra en su texto con la pretensión de hacer visible a “los buenos frente a los malos”, comparar centros, establecer rankings, señalar a quienes benefician los resultados frente a los que son beneficiados por la educación.

La LOMCE modifica el artículo 147.2. de la LOE, que ahora dice:

“2. Los resultados de las evaluaciones que realicen las Administraciones educativas serán puestos en conocimiento de la comunidad educativa mediante indicadores comunes para todos los centros docentes españoles…”

cambiando el sentido del artículo 144.3. de la LOE, eliminado por la LOMCE, que decía:

“3. … En ningún caso, los resultados de estas evaluaciones podrán ser utilizados para el establecimiento de clasificaciones de los centros.”

Lo pernicioso de hacer público los resultados del alumnado de los centros no es la claridad de los datos, sino el uso que de estos se haga. Los datos han de ser utilizados para mejorar, asesorar, orientar y formar al profesorado y al equipo directivo, pero si son transformados en armas arrojadizas, fuera de toda contextualización y sin argumentos, entonces mejor no publicarlos.

Los centros mejor situados en el ranking pueden atraer a familias con más recursos, más “selectas”; por contra, los centros con peores puntuaciones ven empeorada su situación, produciéndose una “huida” del alumnado de las familias con más recursos. La segregación, de por sí evidente, se ve amplificada por el efecto “compañero”, unido a la presión gregaria del “grupo de padres y madres en el WhatsApp”. Finalmente, como consecuencia de la situación generada, la evaluación educativa relega la finalidad de mejora del sistema educativo para convertirse en un “solo se aprende lo que se evalúa”, adecuando los contenidos de las materias exclusivamente a superar las pruebas externas que instaura la LOMCE.

Llaman transparencia de la evaluación al hecho de indicar a las familias en qué centro han superado, mejor o peor, una prueba. Sin embargo, calidad sin equidad es elitismo.


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